Finalmente, el final. Sólo esperar que sea del agrado de todo aquel que leyó esta historia
Parte III :Verdades
Impactado aun con la alterada actitud del viejo, caminaba sin poder concentrarme en algo concreto, mi cabeza divagaba por todos lados, como relacionando hechos de mi vida con los acontecimientos actuales.
Nuestro paso se hacia cada vez mas lento, y sumado a eso, el viejo me pedía parar a descansar cada cien metros. Algo que nos tomo una hora aproximadamente de ida, nos estaba tomando hasta ese momento mas de tres horas.
El ambiente comenzaba a hacerse mas fresco y la iluminación comenzaba a bajar, ya que eran alrededor de las seis de la tarde y estábamos en época de invierno.
-Juan, debemos darnos prisa, se hace de noche, y quien sabe si esas horribles criaturas volverán acá-. El me miró con dolor e impotencia, queriendo decirme de alguna manera, que estaba haciendo su máximo esfuerzo físico.
Desde donde estábamos, podíamos ver todo el valle, y a lo lejos, nuestras cabañas. En uno de los innumerables descansos solicitados por el viejo, me quede observando mi cabaña. Se veía tan diminuta y frágil, que una extraña angustia recorrió mi cuerpo agotado. Repentinamente vi que las luces de mi casa se encendieron. No pude creer lo que vi. ¿Habrán esas criaturas entrado a mi casa, buscándome para hacerme algún daño?. Afortunadamente no me encontraba ahí en ese minuto.
Sentí en ese momento, que todos los lugares a los que pudiésemos ir resultaban inseguros, y que mi caminata no tenia sentido.
El viejo, mientras observaba todo esto, solo se limitaba a sonreír, lo que me inquietaba más y más.
-¿Por que sonríe?- pregunté titubeante.
-¿No lo comprendes, verdad?. No tenemos escapatoria, estamos en su territorio. Fuimos unos ilusos al creer que estas tierras eran nuestras, porque nunca lo fueron en realidad. Ellos las habitaban desde mucho antes que nosotros, y no tenemos ningún derecho alguno sobre ellas. No somos más que criaturas inferiores, comparados a ellos, dentro de la jerarquía de la naturaleza. No podemos hacer nada al respecto, mi joven amigo.
Un horrible silencio se generó tras sus extrañas palabras, que hizo que otros sonidos que antes pasaban desapercibidos, ahora fuesen perfectamente audibles.
Se escuchaba como si una enorme cantidad de bestias se acercaran desde la dirección del rió, emitiendo sonidos ásperos y desagradables.
Podía oír su reptante andar, rozando troncos, hojas y piedras, haciéndose cada vez más cercano.
Pensé en ese momento, que seria imposible que escapásemos ambos con vida, dado que el viejo ya no era capaz de moverse; así que resignado, me senté y apoyé la cabeza sobre mis rodillas, esperando a ser alcanzado por la multitud de seres inhumanos. Era la primera vez en mi vida que me sentía invadido por un temor tan grande a morir.
En ese momento, escuche que el viejo murmuraba algo inentendible, como para sí mismo, cuando se levantó de un salto y comenzó a correr con una agilidad impropia para un hombre de su edad, gritando: "¡Malditos demonios, devuélvanme a mi mujer!".
Yo no atiné a nada más que observarlo correr cerro abajo, siendo cubierto por la oscuridad. Pude solo escuchar sus gritos que cada vez se apagaban mas por la lejanía. Sentí que no podía hacer realmente nada para ayudarlo, y que cualquier cosa que intentara seria en vano. Estaba lánguido y sin fuerzas y mi cuerpo estaba paralizado. Era la misma sensación que tenia en mis recurrentes sueños, en los que era perseguido por seres extraños. Lo mas terrible de aquellos sueños, era que paulatinamente yo comenzaba a perder mis fuerzas y a disminuir mi velocidad, hasta ser alcanzado y atrapado. Definitivamente era la misma sensación.
Le perdí la señal al viejo, después de que se oyera un grito de dolor inmenso, que me hizo reaccionar de ese estado pseudo-hipnótico en el que me encontraba.
Mi instinto de supervivencia hizo que me parase y corriera, como el más indefenso de los animales, que tiembla ante su depredador feroz.
Corría hacia donde el conjunto de horribles gruñidos se hiciese mas débil, pero sin saber realmente donde. La oscuridad ocultaba todos los posibles caminos, y me dejaba expuesto en un lugar realmente tétrico.
Lo único que estaba a mi favor, era la luna llena, que brillaba como en noches anteriores, revelando uno que otro pasaje, hecho por el persistente andar de personas y animales de ganado, que quizás hace algunas décadas anduvieron por aquí.
Pensé en miles de cosas en esos minutos, entre ellas si mi madre estaba aún con vida, o si por el contrario se había convertido en un de mis horrendos perseguidores.
Me adentré en uno de los tantos misteriosos bosques del lugar, mirando hacia todos lados y con mis sentidos más encendidos que nunca. Trate de usar un poco la cabeza, para analizar la situación y elaborar un plan.
Esas cosas venían al parecer desde el rió, lo que evidentemente me obligaba a alejarme de los sectores cercanos a este. Y esto resulto ser útil, ya que a medida que me alejaba del río los ruidos se hacían mas débiles.
Ahora mi mayor problema era mi destino, el lugar en el que me escondería. Había visto hace unos instantes como se encendió la luz de mi cabaña, lo que me daba razones para pensar que estaban en los lugares aledaños a ella. Eso descartaba mi regreso a la cabaña.
Decidí finalmente entrar a una pequeña cueva, formada seguramente por la erosión del fuerte viento que corría ahí. Tape le entrada con rocas y troncos, tratando de dejar una pequeña grieta por la cual entrara aire, y eventualmente luz, si es que no era descubierto antes del amanecer.
Tenia frió, hambre y miedo. Cualquier ruido exterior me hacia temblar incontrolablemente.
Pasaron horas, y yo trataba de no hacer ningún ruido. A veces, sentía movimientos a las afueras de mi escondite; sentía jadeos incesantes, ruidos viscerales y silencios tortuosos.
Recordé que había guardado aquel particular libro en mi mochila, a pesar de las objeciones del viejo. ¿Qué cosas relataba aquel libro?
Sinceramente creo que hay cosas que el ser humano no está listo para saber. Cosas que nunca sería capaz de entender, cosas que lo llevarían a la demencia.
Amaneció finalmente, y yo no había dormido ni un minuto siquiera. Luché contra mi cansancio toda la noche, temiendo ser atrapado durante mi descanso.
Asomé mi ojo a través del agujero que había dejado en la entrada. Afuera se veía todo muy tranquilo. Había una densa niebla que reinaba más abajo, a la altura de las cabañas.
Retiré todas las piedras y hojas para salir y estirarme. El aire estaba pesado, entraba y salía con dificultad de mis pulmones.
Comí un poco de pan que traía en mi mochila, no por hambre, simplemente porque sabía que tenía que hacerlo.
Me preguntaba que sucedió con el viejo Juan. Me daba la sensación de que el sabía que pasaría todo ésto.
Una vez logré reponerme mayoritariamente, me senté y me dispuse a analizar el contenido del libro.
Lo abrí, y lo primero que pude observar fue una extraña ilustración, que hacía alusión a algo así como un ser divino, que se encontraba en la profundidad del agua. Era algo realmente horrible. Sus brazos, desproporcionadamente largos, terminaban en un par de garras inmensas. Su cuerpo era como ver una representación de lo oculto; una verdadera sombra que apenas tenía bordes definidos. De su cara se desprendían tentáculos, los cuales ocultaban parte de su pecho. Su mirada siniestra y oscura era hipnotizante, como todo aquello que es observado por primera vez y que posee una naturaleza diferente.
Di vuelta a la página, mis manos sudaban y mi pulso aumentaba velozmente.
En la siguiente página, pude ver un conjunto de símbolos trazados con algún pigmento rojo. Mi asombro fue inmenso al darme cuenta de que los símbolos que vi en el cuarto de mi madre, antes de que ella dejara la cabaña, estaban presentes en aquellas escrituras.
Claramente el libro había sido escrito por diferentes personas, por el estilo de escritura y el pulso al dibujar.
Avancé varias páginas, mientras veía sólo caracteres sin significado alguno para mí, hasta que encontré un párrafo que estaba escrito en español.
Éste decía textualmente:
"Que no está muerto aquel que yace eternamente, y en los tiempos por venir, hasta la misma muerte puede morir"
Mi respiración se detuvo, un instante, y seguí leyendo más adelante:
"En la ciudad de R'lyeh, Cthulhu, muerto, espera soñando"
No pude evitar pensar que aquella criatura oscura y siniestra ilustrada en el libro era aquel Cthulhu al que se refería aquella frase.
Me sonaba como a una profecía, quizás escrita por alguna secta ocultista antigua. El viejo Juan me habló acerca de que en estos parajes se realizaban rituales satánicos.
¿Era acaso Cthulhu algún demonio? Eso lo sabría con todos los detalles, antes de lo que esperaba.
Leí un poco más aquellas frases, traté de analizarlas un poco para obtener algo en limpio, cuando de repente, entró un mareo en mi cabeza. Sentía que mi cuerpo estaba completamente sumergido en el agua.
Cerré mis ojos fuertemente para no marearme más, pero fue inútil. Mi cuerpo se tambaleaba involuntariamente, y no podía mantenerme en pie.
Mis mente se nubló hasta que vi una luz que iluminó todo mi alrededor. Estaba todo blanco, no podía distinguir nada en absoluto. A lo lejos vi unas siluetas que se acercaban lentamente a mí.
Intenté escapar, sin ningún resultado. Mis pies se movían, pero no avanzaba ningún centímetro.
Repentinamente me sentí rodeado, y nuevamente cerré mis ojos, para no ver a mis perseguidores.
Definitivamente eran los mismos que me persiguieron la noche anterior. Su presencia desagradable y su jadeo constante eran los mismos.
Esperando lo peor mantuve mis ojos cerrados, hasta que dejé de oír todos aquellos sonidos repugnantes. Entonces abrí mis ojos, y me encontraba sentado, con el libro entre mis manos y con sangre fluyendo desde mi nariz. Mis manos tiritaban al igual que mis piernas. Cerré el libro apresuradamente, no quería seguir leyendo más nada de aquella siniestra obra antigua. Cavé un hoyo en la tierra y enterré a aquel libro endemoniado, pretendiendo con ésto, que nadie jamás ponga sus ojos sobre aquellas terribles páginas.
Luego de asegurarme de dejar bien cubierto el agujero, emprendí mi camino. Hacia donde, no estaba seguro, pero debía moverme.
Caminé por un sendero que encontré tras unas dos horas de caminata, el cual tenía huellas de vehículos, lo que me hizo pensar de que iba por buen camino. A lo lejos se veía una casa, bastante grande, al parecer, de alguna familia adinerada.
Aceleré el paso, contento de encontrar a alguien. Pude percatarme de que había gente en la casa; la chimenea soltaba una columna de humo que se elevaba interminable.
Finalmente llegué al frente de la puerta principal. Tomé aire y golpee la puerta tres veces.
Escuché que alguien bajaba las escaleras y se acercaba a la puerta.
-¿Si? ¿Qué desea?- Una amable voz surgió desde dentro de la casa, una voz de mujer.
-Disculpe, estoy un poco perdido, y la verdad muy cansado también. Sólo quería saber si me permitiría descansar en su hogar.
La puerta se abrió y pude ver a una mujer de no mas de cuarenta años de edad, que me miró un poco desconfiada.
-Pase usted- me dijo.-¿Qué lo trae a estos rincones del país?
-Vacaciones, le expliqué, ocultando todo lo que había sucedido anteriormente.- Sólo decidí salir a recorrer el país. Tomé mi mochila y partí desde la capital en búsqueda de algo diferente.
-No escogió el mejor lugar para vacacionar sinceramente. Éstos lugares ya no son lo mismo que antes. Pero supongo que le servirá de distracción de la acelerada capital.-
-Así es- contesté y agregué -¿Vive usted sola en este lugar?
-Vivo con mi marido y mi hijo de diez años. Pero el pequeño se fue con sus tíos que viven en el norte.
Mi esposo está ahora durmiendo una siesta. Trabajó muy duro hoy labrando la tierra, lamentablemente al parecer todos sus esfuerzos son en vano. Esta tierra se niega a dar frutos.
Recordé lo que me contó el viejo, acerca de que las tierras estaban malditas, y el agua que me había servido aquella mujer se me frenó en la garganta, y tosí fuertemente.
-¿Está usted bien?
-Sí, lo siento. Traigo mucha sed y me apresuré al beber. Discúlpeme, no me he presentado. Mi nombre es Manuel Torres.
-Un gusto, señor Torres. Mi nombre es Estela. Puedes quedarte aquí a pasar la noche si gustas.
-Muchísimas gracias, la verdad es que necesito descansar, mi viaje ha sido un poco agotador.
Al momento apareció el esposo de la mujer, quién se notó un poco molesto con mi presencia, aún así fue amable conmigo y me invitó a conocer la casa.
-Aquí dormirás, en la pieza de mi hijo. Tiene suficiente espacio y espero que estés cómodo.
-Gracias señor. Por cierto, me llamo Manuel Torres, y vengo de la capital.
-Mi nombre es Raúl, espero que descanses bien.
Anocheció repentinamente y mi cuerpo demandaba sueño. Sin nada más que hacer, decidí finalmente recostarme y reposar.
Aquella noche entré en un profundo sueño, como pocas veces lo había hecho.
Soñé que era un pescador, y que iba en mi barcaza en medio del mar. Todo estaba tranquilo, el mar acariciaba suavemente el borde de mi barco, la pesca era abundante.
Por alguna razón, tuve una necesidad incontrolable de nadar en el mar. Me desvestía y me sumergía profundamente, sin pensar en que me faltaría el aire para volver. Sin embargo, estaba consciente de eso, y me sentía a gusto en las profundidades del mar. Seguía descendiendo, buscando algo, hasta que finalmente vi a aquella criatura de dimensiones impensadas, moviéndose en el fondo del mar.
Puedo asegurar que era la misma criatura del libro maldito ese, puedo asegurar que se trataba de Cthulhu. Sentía que quería quedarme para siempre en el mar.
Desperté pegando un grito desesperado, me levanté y fui al baño. Mi corazón estaba a punto de explotar. Tomé un poco de agua. Vi la hora, las seis de la mañana. Fui a dormir un poco más, esta vez sin pesadillas.
Al día siguiente, trabajé con Raúl en las tierras, luchando contra la naturaleza terca que se negaba a hacer lo suyo.
-También sueñas con eso, ¿verdad?- Me dijo repentinamente mientras arábamos la tierra
-¿Disculpe?- pregunté confundido
-Sueñas con criaturas ancestrales, que te atormentan siempre.-
-¿Cómo sabe usted eso?- pregunté asustado.
-Hemos recibido a muchos viajeros aquí, todos provenientes de la dirección desde donde tu venías. Muchos se suicidaron. Otros se fueron y no supimos más de ellos. Pero todos tenían algo en común. Durante las noches tenían terribles pesadillas con seres que nunca antes habían visto. Todos me contaron sus pesadillas y te puedo decir que soñaban con lo mismo que estás soñando tu por las noches.
No supe que decir, sólo lo mire asombrado y confundido.
Me quedé en esa casa algo así como tres días. A petición de Raúl, me retire de su hogar, decía que por las noches mis gritos se hacían insoportables y que pensaba que algo malo podría pasarles. Su mujer estaba comprensiblemente muy nerviosa e inquieta, y esperaba lo peor.
La noche anterior antes de irme, soñé con aquel río cercano al cerro Klojbeh. soñaba con que me bañaba en sus aguas, y nadaba sin cesar hasta la desembocadura del mar. Me sentía libre y tranquilo.
Esos sueños cada vez eran más recurrentes por las noches, pero cuando despertaba ya no estaba tan alterado como las primeras veces. De hecho, eran sueños placenteros y en alguna parte de mi interior deseaba volver a soñar con el imponente Cthulhu. Deseaba volver a escuchar el llamado siniestro, que me atraía a las profundidades del mar.
Después de unos días, volví a la capital, gracias a la amabilidad de personas con vehículo que me llevaron en dirección a la ciudad.
Definitivamente ya no era el mismo. Lo que antes me parecía repugnante y oscuro, ahora era parte de mí. Ese libro produjo todo esto. Lamento haber hecho oídos sordos a las advertencias del viejo Juan.
Cuando regresé a casa, abrí la puerta principal, y encendí las luces. Una silueta negra se dejó ver al fondo de la habitación.
-¿Madre?-
-Por fin has vuelto- dijo ásperamente
No atiné a hacer nada, sólo a mirar que es lo que sucedería. No estaba asombrado. Algo dentro de mí me decía que la volvería a ver.
La casa estaba totalmente distinta por dentro. El ambiente olía a descomposición y estaba todo muy oscuro. Miré las ventanas y éstas estaban completamente cubiertas. Me sentí a gusto.
-¿Qué nos pasa?- pregunté temeroso.
-Estamos cambiando hijo mío. Estamos cumpliendo nuestro propósito.
Pasaron algunas semanas y yo volví a la universidad. Me reencontré con mi amigo Víctor.
Un día, no recuerdo bien porque, llegamos al tema de conversación acerca de dioses antiguos y cultos a aquellos dioses. Noté que Víctor mostraba una gran curiosidad por el tema, lo que me preocupó mucho. Traté de sacarle eso de la cabeza diciendo que era una ridiculez creer en eso.
Aquella noche, otro extraño sueño vino a mí. Me encontraba en una tierra lejana, virgen, llena de misterio, cubierto de una piel de animal. Estaba en una especie de trance, gritando en un lenguaje desconocido junto a más personas vestidas como yo. Estábamos danzando y cantando, cerca de una hoguera, cuando en un momento determinado un grupo de seres que salió de entre los arboles se unió a nosotros, bailando con sus torpes movimientos y tambaleándose de la misma manera que lo hace un pez. Pude reconocerlos por los ruidos que hacían. Eran las mismas criaturas que me siguieron aquel día en el cerro Klojbeh.
En el sueño, llegaba un momento en el que nos deteníamos y el Gran Cthulhu surgía desde la oscuridad y imponía su reinado sobre lo que alguna vez fue suyo. Todos los que estábamos ahí elevábamos sacrificios, para pedir misericordia por nuestras vidas. Sin embargo, éramos destruídos de formas totalmente sanguinarias.
Lo más extraño fue que en aquel sueño vi a Víctor, bailando y cantando al igual que yo.
Comprendí que Cthulhu había escogido a Víctor también como parte de él, y que no podría hacer nada al respecto.
Al pasar de los días, noté extraños cambios físicos en mí. Me costaba mucho respirar y mis músculos se estaban apretando. Mi cara también estaba cambiando; cada vez que me miraba al espejo, notaba que mis ojos estaban más y más afuera de sus órbitas, al igual que prácticamente ya no pestañeaba. Por ésto mismo dejé la universidad y comencé a quedarme en casa con mi madre, quién también empezaba a expresar dichos cambios.
Supe que Víctor fue a visitarme un día, pero no quise recibirlo. No podía dejar que me viera así como estaba.
Ese mismo día, en el mueble de nuestra casa, vi algo que me llamó la atención. Un libro muy parecido al que había enterrado yo. Con temor, lo abrí para leerlo, y al ver la ilustración del Gran Cthulhu en la primera página entré en un sueño, un viaje espiritual y físico, que me llevó a otra dimensión, en donde se encontraba Víctor. Él estaba dormido en medio de la nada, esclavo de sus sueños. Involuntariamente comencé a escribir para él, algo que me es imposible de recordar y lo guardé en su bolsillo.
Luego de ésto, desperté repentinamente. Estaba con mis manos y mi ropa llenas de sangre. Miraba al suelo, y ahí estaba mi madre, muerta y con la cara despedazada, sangrando aún.
-¿Y éso fue lo que sucedió?
-Claro que así fue, ¡se lo he dicho cientos de veces!
-¿Qué paso con tu amigo Víctor?
-No lo sé
-¿Estás seguro?
-¡Maldita sea, estoy seguro!
-Te cuento que tu amigo Víctor está igual o más loco que tú, y que también está encerrado aquí.
-No diga que estoy loco. Ambos sabemos que no es así. ¡Tiene que creerme!
-Eso intento, hijo. Ayer, cuando trajimos a tu amigo le quitamos una cortaplumas y una nota que según él, tú le dejaste, pero que no recuerda cuando pasó.
-¿Puede leérmela por favor?
-No sé que es lo que pretendes con todo esto, pero está bien. Dice lo siguiente:
"El tiempo y el espacio son ilusiones, que a pesar de parecer imposibles de romper,
son mas suceptibles de lo que parecen.
El mundo tiene los ojos cerrados a la verdad, ya que ELLOS no quieren que la humanidad
conozca la verdadera naturaleza de la existencia. Sin embargo, muy pocos estan listos
para ser propietarios de ese conocimiento. Esta es una nota de advertencia, para que
te detengas en tu busqueda desesperada de respuestas. Sin embargo, y porque te conozco,
no me queda mas que decirte Suerte y mucho cuidado.
En lo que a mi respecta, he comprendido que tarde o temprano llegaria mi fin, debido a
que ya estaba decidido por ELLOS. Lamento no haberme despedido en persona de ti, pero si
lo hacia podria haber alterado el curso perfecto y escrito de las cosas."
-¡JaJaJajA!¡Por fiiiin!¡jajaJAjaja!¡Por fiiiiiin!
-Muy bien, pónganle la camisa de fuerza y sedenlo, asegurense que de no despierte en toda la noche.
-Está bien, doctor....
Aquella noche de invierno, según lo que dicen los informes del Sanatorio de Arkham, Manuel Torres y Víctor Salazar, fueron encontrados sin vida dentro de sus celdas. Sus cuerpos fueron llevados a autopsia para conocer la causa de muerte de ambos jóvenes. Para el asombro de los doctores, los jovenes, por alguna causa que hasta el día de hoy se investiga, habían desarrollado un sistema respiratorio muy similar al presente en peces, y por esto, fallecieron por una deficiencia de oxígeno en la sangre. Ésto nunca fue informado a la opinión pública.
Muchos dicen que lo que relataba Manuel Torres fueron hechos verídicos, y aseguran soñar con criaturas marinas que los atormentan durante sus pesadillas. Otros simplemente se quedan en el hecho de que Manuel y Víctor eran dos asesinos con problemas mentales, que actuaron en conjunto para asesinar a la madre de Manuel Torres, quién también presentaba alteraciones físicas, menores en comparación a su hijo.
FIN
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